¡Miedo! vamos abrir la puerta

Allí estábamos nosotros dos, una noche más de bromas.

Esta vez Luiz quería el juego zombi, ya que la casa estaba respirando los preparativos para la fiesta de Halloween, de su pequeña escuela.

Y entonces empezamos a correr en nuestra pequeña piso y en el momento de tensión encuentro mi escondrijo preferido … Detrás de la puerta …

Podía oír las risas y gemidos mientras ensayaba abrir la puerta aún sabiendo exactamente lo que iba a encontrar.

Elle gritaba y gritaba y sus gritos mezclados con carcajadas cuando poco a poco se estaba dando cuenta que el peligro no era tan grande.

Así son nuestros miedos, predican el risco, ellos vuelan sobre nuestras cabezas aunque a menudo sabemos exactamente lo que vamos a encontrar detrás de la puerta.

Repetimos el juego y me di cuenta de que ahora había ido a buscar algunos recursos para hacer frente a su miedo,

El primero de ellos, su espada.

Pero el miedo ...

Aún allí, fielmente,

cumpliendo su papel la crear fantasías en la cabeza de Luiz como un gigante enorme, horrible, fuerte e invencible que saldrá detrás de la puerta para devorarlo.

El miedo nos protege. ¡No abra la puerta, puede salir herido!

El miedo nos evita. ¡Si abrir la puerta no dará cuenta de lo que hay detrás!

Pero son inteligentes los niños. En lugar de negar sus miedos, aprenden a sentir, expresarlos y divertirse con ellos.

Luiz fue inteligente, ante el reto fue conseguir algunos recursos para defenderse, y aun con estos recursos, no fue sin temor y lo expresó con euforia a través de sus gritos y sus movimientos inquietos.

Con los ojos cerrados para no ver el “gigante”, se asomó para dar sopla con la espada en todas partes. Como si dijera: ahora yo soy más fuerte y enfrento, pase lo que pase.

Poco sabía que esto era un ensayo para la vida.

Pero el primero recurso no fue suficiente ya que el zombi, que era su madre, mantenía oculta a predicar sustos.

Oírlo hablando consigo mismo:

¡Ah, no se dará por vencido!

¡Ahora se verá, voy a crear una estrategia para vencerlo!

Por haber decidido confrontar poco a poco, sabía las debilidades de “su miedo” y luego se había familiarizado con él hasta el punto de no ser paralizado y aterrorizado como al principio del juego.

¡EL GIGANTE DISMINUYÓ!

Cuando iba a asustar a él de nuevo, Luiz estaba con botas de mamá, casco de del ciclista papá, su espada en posición de combate. Listo para la acción.

Y en medio de la carrera, gritos, risas y suspiros, haya derrotado al gigante, dejando a su madre tendida en el suelo ¡riendo mucho!

En mis risas entregué a esta reflexión, con un alambre de lágrima quien insistió escurrirse de mi rostro.

Acabo de tener hermosamente una lección de cómo hacer frente a mis miedos.

Sería suficiente tener el coraje para ver lo que hay detrás de la puerta.

Por Gizele Cordeiro

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